La brisa fresca de estos días hace que las semillas del álamo temblón, o chopo temblón vuelen lentamente pero aprisa lenta, van a un destino quién sabe a dónde, a veces la brisa manda unas cuantas que entran a mi apartamento sin ser invitadas, intrusas que revuelan delante de mi, a paso lento, como queriendo aterrizar en mi tecleador. Las veo volar en su trayectoria y me doy cuenta de la semilla que rastrea mi sala de estar. Pasa por mis ojos mientras me entretengo con el ordenador. Por suerte no fumo ya que dicen los que saben que la semilla es altamente inflamable.
Si el viento arranca de repente como suele suceder más de las veces, miniráfagas, las manadas de las semillas que parecen no tener un sinfín de sus hordas llenan el espacio del jardín comunal en el que habito con presencia blanca, mas yo solo soy un espectador, pues verlas lanzarse con la ayuda de la brisa solo van a estrellarse con los pisos del edificio que habito. No sé de donde saldrán tantas. Habrá algunos álamos que no he detectado aún. Solo sé que renovaron su vuelo a las 7 de la mañana este día, siempre hay algo blanco volando en el aire por estos lares y así, de nuevo, la carrera a estrellarse o acabar en alguna telaraña recien hecha por alguna araña con ambiciones de engordar. Triste es la realidad de ellas al solo ver esas semillas atrapadas en una labor que se hizo para lograr algún almuerzo incauto. Los malpensados hacen bien en pensar mal, sí, el álamo suelta su semilla sin destino con ayuda de la fuerza del viento y que dará fruto por ahí, o no, la naturaleza también tiene sus momentos de extasies.
En sueco, las hordas de las semillas se les llama aspludd. En cristiano como dirían hace unas décadas atrás en mi pueblo, pelusa de álamo temblón. Son días muy tranquilos en los que uno puede admirar este tipo de fenómenos naturales. Aunque para las arañas de seguro no es más que una burda intrusión.
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