Yonder Lies It

NlNOYOLNONOTZA

En la Visión de Anáhuac de Alfonso Reyes

1.Me reconcentro a meditar profundamente dónde poder recoger algunas bellas y fragantes flores. ¿A quién preguntar? Imaginaros que interrogo al brillante pájaro zumbador, trémula esmeralda; imaginaros que interrogo a la amarilla mariposa: ellos me dirán que saben dónde se producen las bellas y fragantes flores, si quiero recogerlas aquí­ en los bosques de laurel, donde habita el Tzinitzcán, o si quiero tomarlas en la verde selva donde mora el Tlauquechol. Allí­ se las puede cortar brillantes de rocí­o; allí­ llegan a su desarrollo perfecto. Tal vez podré verlas, si es que han aparecido ya; ponerlas en mis haldas, y saludar con ellas a los niños y alegrar a los nobles.
2.Al pasear, oigo como si verdaderamente las rocas respondieran a los dulces cantos de las flores; responden las aguas lucientes y murmuradoras; la fuente azulada canta, se estrella, y vuelve a cantar; el Cenzontle contesta; el Coyoltótotl suele acompañarle, y muchos pájaros canoros esparcen en derredor sus gorjeos como una música. Ellos bendicen a la tierra, haciendo escuchar sus dulces voces.
3.Dije, exclamé: ojalá no os cause pena a vosotros, amados mí­os que os habéis parado a escuchar; ojalá que los brillantes pájaros zumbadores acudan pronto. ¿A quién buscaremos, noble poeta? Pregunto y digo: ¿en dónde están las bellas y fragantes flores con las cuales pueda alegraros, mis nobles compañeros? Pronto me dirán ellas cantando: Aquí­, oh, cantor, te haremos ver aquello con que verdaderamente alegrarás a los nobles, tus compañeros.
4.Condujéronme entonces al fértil sitio de un valle, sitio floreciente donde el rocí­o se difunde con brillante esplendor, donde vi dulces y perfumadas flores cubiertas de rocí­o, esparcidas en derredor a manera de arcoiris. Y me dijeron: Arranca las flores que desees, oh cantor ojalá te alegres, y dalas a tus amigos, que puedan regocijarse en la tierra.
5.Y luego recogí­ en mis haldas delicadas y deliciosas flores, y dije: ¡Si algunos de nuestro pueblo entrasen aquí­!
¡Si muchos de los nuestros estuviesen aquí­! Y creí­ que podí­a salir a anunciar a nuestros amigos que todos nosotros nos regocijarí­amos con las variadas y olorosas flores, y escogerí­amos los diversos y suaves cantos con los cuales alegrarí­amos a nuestros amigos, aquí­ en la tierra, y a los nobles en su grandeza y dignidad.
6.Luego yo, el cantor, recogí­ todas las flores para ponerlas sobre los nobles, para con ellas cubrirlos y colocarlas en sus manos; y me apresuré a levantar mi voz en un canto digno, que glorificase a los nobles ante la faz de Tloque-in-Nahuaque*, en donde no hay servidumbre.
. . .El dolor llena mi alma al recordar en dónde yo, el cantor, vi el sitio florido…

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