Yonder Lies It

Hojarasca

Los menesteres del jardín siempre me han acompañado de alguna manera u otra. Tan así que no me he librado del enfado que causa recoger las hojas que los arboles desechan con el cambio de las estaciones del año. La pereza me llevó a indagar si servirían de abono pero para mi desgracia, no. No sirven para ello, bueno, según la red de internautas pues.

Existen otros que, sin embargo, dicen que sí, ayuda a la tierra. La compostela nutre pero hay que trabajarla. La hojarasca aparte de abono también sirve de guarida para muchas especies de insectos que usan el follaje como invernadero o lecho para pernoctar durante las largas noches del invierno gélido y oscuro. La crueldad de la las zonas urbanas no depara en ello ni un segundo. A los mal llamados jardineros hoy en día que usan sus maquinas para soplar y recoger la hojarasca no procuran ni se tientan el corazón para comprender su medio ambiente. No porque no quieran sino porque es un trabajo para llevar el pan a la mesa. No hay corazón para las generaciones de insectos para la próxima primavera. Los medios de información, sin embargo, sabiendo de los atrocidades que la mancha urbana causa, saca a luz algún detalle al respecto y en un intento de producir conciencia, escriben que es bueno no perturbar algunas hojarascas. Y si acaso una minúscula porción de la ciudadanía urbana hace caso que a lo igual y por mayoría, los demás hacen caso omiso al gesto de los medios de información para colmar las sensibilidades de la culpabilidad.

Es abril del 2026. Día de la resurrección según las costumbres cristianas. Y hay viento. Ya tiene días, los meteorólogos avisan de ello, como si fuese tormenta pero esto es Suecia, no algún lugar del Pacífico o del Atlántico allá por Anáhuac. En medio del bosque aquí hay hojarasca y el viento las sopla. El aire nórdico hace de las suyas con ellas como si fueran delfines jugando con algún puercospín de mar. Les miro y mi imaginación me hace tornarme otro que admira su vuelo. Siento que adquieren vida. Las imagino revivir, como Cristo revive en la biblia. Siento que al removerse con el viento se reúnen de nuevo con sus viejas ramas, porque vuelan muy alto, han perdido masa durante su estancia en la tierra mientras el frío las tenía e su poder, ahora, con un poco de calor primaveral, se dejan llevar fácilmente con las corrientes o ráfagas del viento que viene más a limpiar el terreno que a jugar con las hojas que algún día la gente les tomaba fotos en el otoño por su color tan esplendido. Ahora revolotean como si fuera su última vez. No lo parece pero el éter es cálido ya. Las manadas de la hojas quesque muertas, se mueven en un conjunto que tal pareciese tuviesen alguna urgencia por ahí.

Quién sabe. Yo solo dejo que mi mente se enfrasque algún segundillo y dejo mi imaginación volar, igual que ellas, libres del invierno, me dejo llevar al capricho de las borrascas nórdicas.

Realted: Y Abril un poco más


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